jueves, 18 de noviembre de 2010

La boca. Una articulación con mucho trabajo...






Conocemos la boca como el orificio de entrada del sistema digestivo o uno de sus extremos y le atribuímos funciones tan importantes y vitales como la alimentación, la respiración y la comunicación. Se trata pues de una parte bastante relevante de nuestro cuerpo con aspectos tanto vitales como emocionales/sociales y una carga de trabajo extraordinariamente elevada. Técnicamente se encuentra formando parte de lo que se llama la "esfera estomatognática" (palabreja que no es necesario recordar). 

En conjunto podemos decir que las funciones que se han mencionado son posibles gracias, entre otras cosas, a la buena biomecánica del complejo temporo-mandibular (la articulación de la mandíbula). Se trata de un conjunto formado por las articulaciones temporo-mandibulares, la unión dento-dentaria (dientes de arriba encajando con dientes de abajo) y toda la flota de partes blandas que se encargan de mover estas articulaciones y protegerlas de un exceso de movilidad (músculos, ligamentos y meniscos). Todo ello bajo el control de "la chispa", es decir, el nervio. En este caso el más significativo es el N. Trigémino (que recoge la sensibilidad de toda la región y transmite también la información efectora de los músculos).

Tras este breve repaso anatómico, es probable que nos demos cuenta de que decir "buenos días!" a nuestro vecino en el ascensor cada mañana o comernos el pincho de tortilla al salir del trabajo, tiene mucha más miga de lo que pensábamos.

Es importante saber que, como complejo articular y musculo-esquelético, se trata de una región expuesta a la misma problemática que cualquier otra parte de nuestro cuerpo y que su autocuidado no debe quedar reducido solo a la higiene diaria de los dientes, sobre todo ante la presencia de síntomas que nos  indiquen que algo puede estar fallando.

La medicina ha acuñado la problemática relacionada con la "esfera estomatognática" bajo el término "Desórdenes temporo-mandibulares" (DTM).  Se trata de una entidad patológica que abarca múltiples disfunciones relacionadas con esta región. En cualquier caso, se describen tres síntomas básicos que pueden estar en concordancia con un DTM: Dolor en la zona de la articulación temporo-mandibular (delante de la oreja), limitación a la apertura de la boca (con o sin dolor) y crujidos o chasquidos articulares al abrir o cerrar la boca.

Debemos añadir, sin embargo, que la mandíbula está en íntima relación con la columna cervical alta y con la región escapular (zona de los hombros), de manera que puede existir relación de reciprocidad entre estas estructuras. De este modo deberemos hablar también de otros síntomas (no sabemos si huevo o gallina) asociados a los antes mencionados. Éstos son: cefaleas, dolor cervical con o sin limitación de movilidad e incluso dolor hacia los hombros y brazos.




También se considera a la mandíbula como un elemento clave en el conjunto de la postura (tanto estática como dinámica). De modo que se le atribuye una función de estabilidad y equilibrio. Su disfunción puede aumentar la propensión  a padecer lesiones a cualquier otro nivel de nuestro cuerpo (que le pregunten al tenista Rafa Nadal). Aquello de que los futbolistas con caries se lesionan más no es del todo mentira...

En definitiva, no está de más conocer la importancia de este complejo articular, cuidar de él con el mismo cariño con el que cuidaríamos el resto de nuestras articulaciones y dar soluciones inmediatas a la aparición de los síntomas mencionados... además de la higiene diaria de los dientes!!!!.








martes, 9 de noviembre de 2010

¿Se me acaba el cartílago de la rodilla?








Una de las patologías comunes que puede sufrir la articulación de la rodilla es el llamado "síndrome de hiperpresión rotuliana". Una etiqueta que sirve para designar cualquier desalineación de la rótula que conlleve un aumento de rozamiento entre ésta (su cartílago) y el fémur. 

En cualquier caso, esta es una definición genérica, bastante rotunda y absoluta. En realidad habría que hablar de muchos componentes implicados en la disfunción entre rótula y fémur. Cualquiera de ellos puede contribuír a generar la molestia y hay pocos casos en que el problema es incorregible desde fuera (sin pasar por intervención quirúrgica).

Los síntomas que presentan suelen ser: dolor al bajar escaleras o pendientes (más que al subirlas), al mantener posiciones de flexión mantenidas, cuclillas y al deambular por terrenos irregulares. Precisamente las actividades que se suele recomendar evitar cuando se sufre este tipo de problemas.
En muchas ocasiones se relaciona el inicio de los síntomas con algún cambio en el nivel de actividad, sobre todo cuando se restablece un deporte o se aumenta su intensidad tras un período de descanso relativamente prolongado. A veces también puede ocurrir cuando se inicia una actividad nueva. 

Todo esto tiene una explicación: los músculos que participan en el movimiento de extensión de la rodilla (estirar la pierna), son los que se encargan de que la rótula, ese huesecillo que flota en la parte de delante de la articulación, siga correctamente su recorrido por el raíl que le proporciona la forma del fémur. 
Estos músculos trabajan coordinados tirando cada uno en la proporción adecuada para que el movimiento se produzca con la alineación adecuada. Estamos hablando sobre todo de los vientres musculares del cuádriceps (todo el mundo sabe ubicarlo, ¿no?), y más en particular de sus vastos externo e interno. También podríamos mencionar otros elementos contráctiles que en definitiva tiran en un sentido o en otro obteniéndose finalmente un vector resultante que, en condiciones normales, procura que el movimiento sea correcto.


Se trata pues de que los tirantes hacia fuera y hacia dentro trabajen en equipo, perfectamente coordinados. Esto puede sufrir algún contratiempo en las circunstancias que mencionaba anteriormente (aumento brusco de demanda de actividad, inicio de un nuevo deporte, etc.). Es entonces cuando pueden presentarse las molestias. Uno de los músculos que tiene más propensión a volverse vaguete es el vasto interno del cuádriceps. Es un vientre pequeñito y su función principal se enmarca en los últimos 15 grados de extensión de la rodilla. Tiene unas fibras longitudinales y otras oblícuas, son éstas últimas las que pueden fracasar con más frecuencia y ejercer peor su función de recentraje hacia dentro de la rótula.


Bueno, no vamos a generalizar, cada rodilla tiene su historia, su pasado, su naturaleza, pero la clave para una recuperación exitosa de este complejo articular dentro del marco de esta problemática pasa por devolver a las fibras vaguetas su activación... a veces incluso con recordarles su función es suficiente. 
Para ello existen ejercicios específicos que solicitarán selectivamente la contracción de esas fibras. Tu fisioterapeuta puede enseñarte una tabla completa con la que trabajar el problema de tu rodilla.